Quiero que los estudiantes aprendan a usar los recursos a su alrededor.
Quiero que lean algo o que vean algo en lo que estén interesados y que le den seguimiento.
Quiero que tengan una idea y que entonces vayan al teléfono y llamen a personas con las que puedan hablar sobre esa idea, o que cojan un libro y lean más acerca de ella, o que se sienten y escriban sobre ella.
Cuando imagino a uno de mis estudiantes como adulto, imagino a una persona que es un pensador y un hacedor, y que sigue sus pasiones.
Veo a un adulto que es lo suficientemente fuerte para levantarse y hablar para defender lo que él o ella quiere y cree, y que se preocupa por sí mismo o misma y por el mundo.
Alguien que se comprende a sí mismo o misma y comprende el aprendizaje.
Creatividad, pasión, coraje y perseverancia son las cualidades personales que quiero ver en mis graduados.
Quiero que se encuentren con cosas que han visto todos los días y que las miren de una manera completamente nueva.
Quiero que se sientan bien consigo mismos y que sean personas buenas y honestas en la manera en la que vivan sus vidas.
Y, eslogan o no, quiero que mis estudiantes tengan una alta puntuación en las “pruebas de inteligencia emocional” que la vida inevitablemente les lanzará una y otra vez.
• Finalmente, quiero que mis estudiantes respeten y se lleven bien con otros. Alguien me preguntó una vez: “¿Qué es lo más importante que una escuela hace?”
Yo contesté que todo lo que creía acerca de las verdaderas metas de la educación, no sería posible si a los muchachos en la escuela no les importara o no pudieran llevarse bien unos con otros o con las personas que conocen fuera de la escuela.
Creo que esto está en el núcleo de lo que queremos decir cuando hablamos acerca de celebrar y respetar la diversidad, y está en el núcleo de lo que hace funcionar a una escuela y a una sociedad.

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